Medicina general

Calculadora de sensibilidad de una prueba diagnóstica

La sensibilidad de una prueba diagnóstica es la proporción de personas enfermas a las que la prueba detecta correctamente, y se calcula como verdaderos positivos ÷ (verdaderos positivos + falsos negativos) × 100. Esta calculadora aplica esa fórmula tal como la enuncia StatPearls en «Diagnostic Testing Accuracy» y devuelve el porcentaje, su equivalente en fracción de 0 a 1 y la tasa de falsos negativos, que es su complemento exacto. El denominador es solo la columna de enfermos de la tabla 2×2: los sanos no participan en el cálculo, y por eso la sensibilidad describe lo que la prueba hace en quien ya se sabe que tiene la enfermedad. Lo que decide es sobre todo el descarte: una prueba muy sensible con resultado negativo tiende a alejar el diagnóstico, la regla que el CEBM de Oxford llama SnNout. No entrega una banda de riesgo porque no hay un corte universal que separe una sensibilidad suficiente de una insuficiente.

Calculadora

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Herramienta de referencia para profesionales de la salud, con fines educativos. No sustituye el juicio clínico ni establece un diagnóstico o un tratamiento: la decisión sobre un paciente concreto es del médico que lo atiende.

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Límites de esta herramienta

  • La sensibilidad no dice nada sobre los sanos. Se calcula solo con la columna de enfermos de la tabla 2×2, así que una prueba que declare positivo a todo el mundo tiene 100 % de sensibilidad y es clínicamente inútil. Nunca se interpreta sin la especificidad al lado.
  • No es la probabilidad de que tu paciente esté enfermo. Es la probabilidad de que la prueba sea positiva dado que la enfermedad está presente, que es la dirección contraria. Pasar de una a otra exige conocer la probabilidad pretest; confundirlas es el error de la falacia de la tasa base.
  • El resultado es un estimado puntual sin intervalo de confianza. Su precisión depende del número de enfermos del denominador: con pocos casos el intervalo es ancho y el porcentaje puede desplazarse mucho, de modo que una sensibilidad de 90 % sobre 10 enfermos no es comparable con una de 90 % sobre 1.000.
  • El valor depende por completo del estándar de referencia con el que se comparó la prueba. Si ese estándar es imperfecto —lo habitual—, la sensibilidad medida puede estar sesgada en cualquiera de las dos direcciones, y dos estudios con estándares distintos no son comparables aunque evalúen la misma prueba.
  • La sensibilidad no es una constante de la prueba. Leeflang et al. (CMAJ 2013), sobre 23 metaanálisis y 416 estudios, encontraron que al pasar de la prevalencia más baja a la más alta dentro de una misma revisión la sensibilidad o la especificidad cambiaban hasta 40 puntos porcentuales, un efecto que atribuyen al espectro de pacientes más que a la prevalencia en sí. Un valor obtenido en urgencias no se traslada sin más a atención primaria.
  • La regla SnNout no es absoluta. Pewsner et al. (BMJ 2004) mostraron que una sensibilidad alta por sí sola no basta para descartar un diagnóstico con confianza: hacen falta tanto la sensibilidad como la especificidad, y dar por descartada una enfermedad cuando en realidad no lo está puede tener consecuencias graves para el paciente.
  • La sensibilidad de una prueba con resultado continuo depende del punto de corte elegido. Subir el umbral para ganar especificidad baja la sensibilidad y viceversa, así que una cifra aislada solo tiene sentido si se declara el corte con el que se obtuvo.
  • Esta calculadora no corrige ningún sesgo de diseño del estudio del que salgan los conteos. Pewsner et al. (BMJ 2004) señalan tres que afectan de forma recurrente a la literatura de exactitud diagnóstica: el sesgo de espectro (seleccionar casos extremos), el sesgo de verificación parcial (aplicar el estándar de referencia de manera desigual) y el sesgo de incorporación (que la prueba evaluada forme parte del propio estándar de referencia). Los tres tienden a sobreestimar la exactitud.

Fuentes. Shreffler J, Huecker MR. Diagnostic Testing Accuracy: Sensitivity, Specificity, Predictive Values and Likelihood Ratios. StatPearls [Internet]. NCBI Bookshelf, NBK557491. Actualizado el 6 de marzo de 2023. (enlace) · Leeflang MMG, Rutjes AWS, Reitsma JB, Hooft L, Bossuyt PMM. Variation of a test’s sensitivity and specificity with disease prevalence. CMAJ. 2013;185(11):E537-E544. (doi:10.1503/cmaj.121286) · Centre for Evidence-Based Medicine (CEBM), University of Oxford. SpPin and SnNout. EBM Tools. (enlace) · Pewsner D, Battaglia M, Minder C, Marx A, Bücher HC, Egger M. Ruling a diagnosis in or out with «SpPIn» and «SnNOut»: a note of caution. BMJ. 2004;329(7459):209-213. (doi:10.1136/bmj.329.7459.209) · MSD Manuals. Sensibilidad de una prueba. Calculadora clínica (EBMcalc) — referencia de la implementación. (enlace) · Contenido revisado el 18 de julio de 2026.

Preguntas frecuentes

Con la fórmula sensibilidad (%) = verdaderos positivos ÷ (verdaderos positivos + falsos negativos) × 100. Los dos conteos se toman únicamente entre las personas que sí tienen la enfermedad según el estándar de referencia. Por ejemplo, si de 50 pacientes enfermos la prueba resultó positiva en 45 y negativa en 5, la sensibilidad es 45 ÷ (45 + 5) × 100 = 90 %. Eso significa que la prueba detecta a 90 de cada 100 enfermos y se le escapan 10, que son la tasa de falsos negativos.

Miran columnas opuestas de la misma tabla 2×2. La sensibilidad se calcula solo entre los enfermos —verdaderos positivos sobre verdaderos positivos más falsos negativos— y mide cuántos enfermos detecta la prueba. La especificidad se calcula solo entre los sanos —verdaderos negativos sobre verdaderos negativos más falsos positivos— y mide cuántos sanos la prueba deja correctamente fuera. Ninguna depende de la otra aritméticamente, pero en la práctica están en tensión: al mover el punto de corte de una prueba continua, subir la sensibilidad casi siempre baja la especificidad.

SnNout es la regla que enuncia el Centre for Evidence-Based Medicine de Oxford: cuando un signo, síntoma o prueba tiene sensibilidad alta, un resultado negativo tiende a descartar el diagnóstico. La lógica es directa: si a la prueba casi no se le escapa ningún enfermo, un negativo hace poco probable que la enfermedad esté presente. La regla tiene límites importantes y no debe aplicarse de forma automática. Pewsner et al. (BMJ 2004) demostraron que una sensibilidad alta por sí sola no garantiza que un negativo descarte la enfermedad: hay que mirar también la especificidad, y muchos estudios sobreestiman la exactitud por sesgo de espectro, de verificación parcial o de incorporación. Dar por descartado un diagnóstico cuando en realidad no lo está puede tener consecuencias graves, así que la regla orienta pero no reemplaza el razonamiento con probabilidad pretest y razones de verosimilitud.

Porque no existe un corte universal que separe una sensibilidad aceptable de una insuficiente. Qué porcentaje es suficiente depende de qué tan grave sea pasar por alto la enfermedad, de qué alternativas diagnósticas hay y de con qué prueba se compara: un 85 % puede ser excelente para una prueba de tamizaje barata y del todo insuficiente para descartar una condición mortal y tratable. Las propias fuentes hablan de sensibilidad «alta» sin fijarle una cifra. En lugar de inventar una banda que las fuentes no respaldan, la herramienta entrega el porcentaje y deja la interpretación al contexto clínico.

En teoría no, porque se calcula solo dentro del grupo de enfermos y la prevalencia no entra en la fórmula. En la práctica sí varía. Leeflang et al. (CMAJ 2013) analizaron 23 metaanálisis con 416 estudios y encontraron que, dentro de una misma revisión, pasar de la prevalencia más baja a la más alta se acompañaba de cambios de hasta 40 puntos porcentuales en la sensibilidad o la especificidad. Los autores atribuyen el fenómeno a mecanismos como el espectro de pacientes, que afectan a la vez la prevalencia y el desempeño de la prueba. La consecuencia práctica es que una sensibilidad publicada en un entorno no se traslada sin verificación a otro con distinta población.

La tasa de falsos negativos es la proporción de enfermos a los que la prueba se les escapa: falsos negativos ÷ (verdaderos positivos + falsos negativos) × 100. Es el complemento exacto de la sensibilidad, de modo que sensibilidad + tasa de falsos negativos = 100 %. Si la sensibilidad es 90 %, la tasa de falsos negativos es 10 %: de cada 100 enfermos, 10 reciben un resultado negativo pese a tener la enfermedad. Esta calculadora la muestra como fila secundaria porque suele ser la cifra que hace tangible el costo clínico de una sensibilidad insuficiente.

No directamente. La sensibilidad responde «si el paciente está enfermo, ¿qué probabilidad hay de que la prueba salga positiva?», mientras que en la consulta la pregunta es la inversa: «si la prueba salió positiva, ¿qué probabilidad hay de que el paciente esté enfermo?». Esa segunda pregunta la responden los valores predictivos, que sí dependen de la prevalencia, o el cálculo de probabilidad postest a partir de la probabilidad pretest y las razones de verosimilitud. Tratar la sensibilidad como si fuera la probabilidad de enfermedad es un error de razonamiento frecuente.

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